Viajes a Mali
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La República de Mali (o Malí), la séptima nación más extensa de África, es un país sin litoral que limita con Argelia, Níger, Mauritania, Senegal, Costa de Marfil, Guinea y Burkina Faso.
Este territorio de clima subtropical en el sur y árido en el norte está organizado en ocho regiones administrativas y un distrito. Su capital es Bamako, una ciudad ubicada al sudoeste de la región, a orillas del río Níger, que se caracteriza por ser el principal centro administrativo, puerto fluvial y polo comercial de esta nación donde predomina la población rural.
La Gran Mezquita de Djenné, la Tumba de los Askia, los Acantilados de Bandiagara, la Reserva de Bafing, el Museo Nacional de Mali y el Palacio de la Cultura Amadou Hampaté Ba son algunos de los sitios interesantes que pueden encontrarse en esta república que, pese a ser uno de los países más pobres del mundo, ofrece motivos para que los visitantes de todas partes del mundo la elijan como destino turístico.

Nombre Oficial: República de Mali
Capital: Bamako
Superficie: 1.240.000 Km2
Población Total: 11.415.261 habitantes
Ciudad con mayor cantidad de habitantes: Bamako
Densidad de Población: 9,1 hab./Km2
Idioma Oficial: Francés
Otros idiomas o lenguas: Bambara
Tipo de Gobierno: República Presidencial
PIB: US$ 15.688 millones
Moneda: Franco CFA
Prefijo telefónico: +223
Teléfonos Útiles:
La República de Mali posee, a lo largo de su superficie, dos tipos de clima: en el sur, las condiciones climáticas son de tipo subtropical, mientras que en el norte el ambiente es árido.
Mali es un país sin litoral que se caracteriza por padecer con frecuencia importantes sequías pero, de todas formas, no es un territorio donde no llueva nunca. A lo largo del año, la mayor parte de esta nación situada en África Occidental recibe precipitaciones que son esporádicas y casi insignificantes, excepto entre fines de junio y principios de diciembre, época en la cual se desarrolla la temporada lluviosa. Durante ese periodo, suelen ser comunes las inundaciones del río Níger.
Al llegar hasta el sudoeste del país es posible encontrar, a orillas del río Níger, una ciudad dividida en seis comunas que, a nivel nacional, tiene status de distrito. Se trata de Bamako, un importante puerto fluvial fundado a fines del siglo XVI que, desde 1960, constituye la capital de la república.
En esta metrópoli de clima tropical está concentrado el 70% de la producción industrial de la nación y se localiza la administración del estado. Artesanías, pesca, manufacturas textiles y fabricación de metales son algunas de las actividades y productos que se desarrollan en la región.
Aunque el Islam es la religión que predomina en gran parte del país, en Bamako también se profesa el animismo y el cristianismo, razón por la cual existen varios templos de diversos credos.
Si bien algunos de esos sitios pueden ser apreciados por los turistas que, por año, llegan hasta la capital de Mali, las estructuras religiosas no son los principales atractivos de esta urbe. Por la antigüedad de varios sitios y el perfil cultural de muchos de ellos, puede decirse que Bamako es una ciudad que permite, a través de lugares como la Biblioteca y el Museo Nacional, el Palacio de la Cultura, el Estadio de Mamadou Konaté y el Palacio de los Deportes Modibo Keïta, descubrir el pasado, las tradiciones y el espíritu deportivo de un país que sorprende por sus paisajes, sus construcciones y su historia.
La ciudad de Segú, una pintoresca localidad situada en la zona central del país, está separada de Bamako, la capital nacional, por una distancia aproximada de 250 kilómetros.
Esta metrópoli, la tercera más importante de la República de Mali, seduce al visitante con sus amplias calles, sus construcciones coloniales, un paseo a la orilla del río Níger (curso de agua que puede ser recorrido en barco) y la limpieza del espacio público.
Además de ser un destino turístico atractivo por sus paisajes, sus riquezas históricas y la infraestructura que posee a nivel turístico, Según resulta interesante de conocer por sus tiendas de arte típico (donde pueden encontrarse productos elaborados de forma artesanal en piel o madera) y su gran mercado.
A siete kilómetros del río Níger, en la región de Tombuctú se encuentra una ciudad de clima árido que, por su importancia a nivel histórico y las características arquitectónicas y naturales que posee, desde 1988 está considerada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Esta metrópoli, bautizada como Tombuctú, fue fundada en el año 1100 por los tuareg, quienes le imprimieron un marcado perfil comercial porque les permitía intercambiar sal del Mediterráneo por oro, fruta y pescado ofrecido por las tribus negras.
Aunque Tombuctú debería ser uno de los sitios más visitados de Mali, hasta esta localidad sólo llegan unos pocos turistas debido a que allí ya casi no existen atractivos (sólo podrían mencionarse como interesantes algunas mezquitas como las de Djingareyber y Sankore, y el Palacio Buctú) y los fenómenos meteorológicos como las tormentas de arena y las crecidas del río Níger constituyen fuertes amenazas para el bienestar de los visitantes. De todas formas, hay que decir que, por todo lo que significa Tombuctú a nivel histórico, religioso y cultural, vale la pena arriesgarse a desafiar los eventuales inconvenientes provocados por la naturaleza.
Los primeros pobladores de Mali se asentaron en el siglo V a.C. El sucesivo desarrollo de los imperios de Ghana, Mali y Songhay se interrumpió cuando, en el siglo XIX, comenzó la colonización francesa. En su periodo independiente, que se inició en 1960, el país sufrió una extensa dictadura (1968-1991) liderada por Moussa Traoré.
La tumba de los Askia, en la ciudad de Gao, es un lugar interesante para conocer parte de la historia malí. El complejo, formado por una tumba piramidal, un cementerio, dos mezquitas y un espacio para asambleas, fue construido a fines del siglo XV y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004.
El Museo Nacional de Mali nació en 1953 como Museo del Sudán Francés y parte del Instituto Francés del África Negra (IFAN). Se trata de una institución especializada en la arqueología y antropología local que exhibe unos 7.000 objetos.
El museo se encuentra al pie de una colina en Bamako. Su edificio actual, que fue diseñado por el arquitecto Jean-Loup Pivin y construido con ayuda de fondos franceses, recibe a más de 20.000 visitantes al año.
Las exhibiciones temporales y permanentes del establecimiento presentan utensilios prehistóricos, instrumentos musicales, herramientas y vestimentas típicas. Una de las piezas más famosas es la estatuilla de terracota donada por el presidente francés Jacques Chirac en 1997, quien la había recibido como regalo sin saber que se trataba de un objeto que salió del territorio malí de manera ilegal. Esta estatuilla es un símbolo de la lucha del Museo Nacional de Mali contra el tráfico del patrimonio cultural.
Una fractura geológica de unos doscientos kilómetros de extensión entre la sabana y la planicie del río Níger que recibe el nombre de acantilados de Bandiagara es uno de los principales atractivos turísticos de Mali.
Esta zona siempre fue un refugio natural para los dogón, uno de los pueblos locales. Los precipicios escarpados ofrecen protección y permiten camuflar las viviendas construidas con arcilla, excremento de bovino y paja. De esta forma, las casas no pueden distinguirse del paisaje a la distancia, algo importante en tiempos de guerra.
Los dogón llegaron a estos acantilados en el siglo XV, aunque la zona ya estaba habitada desde el tercer milenio a.C. Los grupos originarios fueron asimilados por los dogón o forzados a abandonar el lugar.
Por su importancia histórica y cultural, los acantilados de Bandiagara fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1989.
Djenné es una ciudad de gran importancia religiosa y comercial que se encuentra en el delta interior del río Níger. Fue fundada en el siglo IX y alcanzó su máximo desarrollo entre los siglos XIV y XVI, cuando ya se había islamizado.
La localidad es famosa por sus edificaciones de adobe, una característica que le ha permitido consagrarse como Patrimonio de la Humanidad de acuerdo a los criterios de la UNESCO. Entre estas construcciones se destaca la Gran Mezquita de Djenné (levantada entre 1180 y 1330), considerado el mayor templo hecho de adobe del mundo y uno de los mejores exponentes de la arquitectura sudanesa.
Djenné no se destaca sólo por su bello centro histórico: en los alrededores aparecen varios yacimientos arqueológicos que merecen ser recorridos. Cabe destacar que la región se encuentra poblada desde 250 a.C.
Con una considerable extensión (puesto 24º a nivel mundial) pero sin salida al mar, Mali es un país muy caluroso que se desarrolla al sur del Sahara. Su territorio es predominantemente llano, aunque algunas colinas y elevaciones rompen la monotonía.
La nación cuenta con varios ríos, aunque suele sufrir una estación seca pronunciada. La capital, Bamako, se encuentra a orillas del río Níger, el tercero más extenso del continente africano. Cuando el Níger se junta con el Bani, forma un delta pantanoso de unos 400 kilómetros de largo.
Una buena opción para apreciar la naturaleza malí es visitar algunos de sus parques nacionales. En el Parque Nacional Bafing es posible encontrarse con distintas especies de primates, mientras que el Parque Nacional Boucle du Baoulé sobresale tanto por su vida natural como por la presencia de tumbas prehistóricas y manifestaciones artísticas de pueblos antiguos.
Senderismo, piragüismo y pesca son solo algunas de las actividades que los turistas pueden realizar en sus vacaciones en Mali.
La región sur de Mali está cubierta por grandes extensiones de sabana. En la confluencia de los ríos Níger y Bani aparece una sabana inundada donde habita el manatí africano (que se encuentra en riesgo de extinción) y se asientan temporariamente millones de aves migratorias. La sabana de acacias del Sahael cuenta con varias especies endémicas de roedores y reptiles, mientras que la sabana sudanesa occidental es el territorio de algunas especies de grandes mamíferos como el elefante, el león, la jirafa y el búfalo, entre otros. La caza y la desertificación, sin embargo, han diezmado la población de estos animales.
Las principales elevaciones de este país africano se encuentran en el norte del territorio, con mesetas que exhiben una altura media de entre 200 y 500 metros. Al noreste aparecen varias colinas que superan los 1.000 metros de altura y que permiten la práctica de montañismo. El Adrar de los Iforas es un macizo rocoso que se sitúa dentro del desierto del Sahara y que es el lugar de asentamiento de los tuareg. Los montes Hombori (que presentan al pico más alto del país, con 1.153 metros), Bambouk (cuenta con explotaciones mineras) y Mandinga (de gran importancia espiritual para la cultura local) son otras elevaciones relevantes de Mali.
Una franja del territorio malí coincide con la zona central más árida del desierto del Sahara. En estas tierras arenosas, las lluvias son poco frecuentes y no suelen alcanzar los 25 milímetros anuales. La vegetación en este desierto es casi nula, mientras que el paisaje combina las dunas de arena con algunas mesetas rocosas y valles secos. El Adrar de los Iforas forma parte del desierto del Sahara, más precisamente de la ecorregión conocida como monte xerófilo del Sahara. En el oasis de Essakane, a 65 kilómetros de Tombuctú, se organiza un evento anual conocido como Festival del Desierto que muestra diversas manifestaciones de la cultura tuareg.










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